martes, 15 de mayo de 2012

Pierre Bourdieu · Homo academicus


El libro donde Bourdieu se adentra en su mundo más cercano, el mundo académico francés. Un trabajo que llevó más de 20 años (fue publicado en 1984) y que presenta una complejidad tal que Wacquant recomienda leerlo “al final”, después de pasar por La distinción y El sentido práctico (que esperamos algún día leer y digitalizar).

 Bourdieu y Wacquant dicen al respecto de este libro:

Loïc Wacquant: Comencemos con Homo academicus (Bourdieu 1988a), ya que es una obra que en muchos sentidos se encuentra en el epicentro de su proyecto sociológico (Wacquant 1990a; pp. 678-79). En ella, usted ofrece tanto una sociología empírica de la institución académica como un análisis de las dificultades y perplejidades epistemológicas implicadas en el análisis del propio universo. Podría pensarse que le resultó fácil escribir dicho libro, ya que trata acerca de los intelectuales franceses, mundo donde ha sido actor, y uno central, a lo largo de casi tres décadas. Ahora bien, muy por el contrario, de todos sus estudios Homo academicus parece ser el que más le costó en términos de tiempo, pensamiento, escritura y trabajo de investigación, como así también (y a mí me parece revelador) en términos de ansiedad: usted menciona en el prefacio su aprensión acerca de publicar un libro así, y dedica íntegramente el capítulo inicial a precaver, y precaverse, contra una gran variedad de lecturas equivocadas. ¿Por qué tanta dificultad?

 Pierre Bourdieu: Es verdad que Homo academicus es un libro que guardé por largo tiempo en mis archivos porque temía que se me escapase y fuese leído de un modo opuesto a sus intenciones profundas, es decir, como un panfleto o como un instrumento de autoflagelación. Se corre siempre el gran peligro de perder el control de lo que uno escribe. Todo el mundo lo ha repetido desde la Séptima Epístola de Platón, pero este libro planteó problemas especiales en el momento de su publicación. Yo estaba sobrepasado por el temor de que los intereses de mis lectores -entre los que, dado lo que escribo, se cuenta una amplia mayoría de académicos- fuesen tan fuertes que todo el trabajo que yo había realizado para evitar esta clase de lectura espontánea quedase anulado, y que la gente rebajara al nivel de disputas dentro del campo académico un análisis cuyo propósito es objetivar esta competencia y, por tanto, dar al lector cierto dominio sobre ella. Homo academicus es un libro peculiar que acompaña el trabajo ordinario requerido por la objetivación científica de un trabajo -trabajo en el sentido psicoanalítico- sobre el sujeto de la objetivación. Al trabajar sobre dicho objeto, uno debe recordar constantemente que el sujeto mismo de la objetivación está siendo objetivado: los más rigurosos y brutales análisis objetivadores están escritos con una aguda conciencia del hecho de que se aplican a quien los está escribiendo. Y con el conocimiento, además, de que muchos de aquellos a los que involucra no pensarán ni por un momento que el autor de esta o aquella frase “cruel” los padece a la par de ellos. En consecuencia, denunciarán como crueldad gratuita lo que es en realidad un trabajo de anamnesis, un socioanálisis. (Aquí tengo en mente muchos pasajes que me distanciaron de algunos de mis mejores amigos. He tenido -pienso que esto no es de significación meramente anecdótica- encuentros muy dramáticos con colegas que percibieron de manera muy precisa la violencia de la objetivación pero que vieron una contradicción en el hecho de que yo pudiese objetivar sin pensar en mí mismo, cosa que por supuesto yo estaba haciendo todo el tiempo.)

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