viernes, 26 de febrero de 2010

OTRA PERLA OCULTA.

El origen de “Miren el rostro” fue una idea de Pavel Kogan, graduado del VGIK, que paso todos los filtros y fue aprobada por los responsables del estudio de cine documental de Leningrado. Sucedía en el Hermitage frente al cuadro de Leonardo da Vinci “La virgen con el niño”. Colocamos los focos delante del cuadro para iluminar mejor al espectador. Recuerdo que la gente se acercaba al círculo de luz como mariposas, pensando quizás que iban a comenzar los trabajos de restauración. Cuando Pavel Kogan y Petr Mostovoi (el realizador y el cámara) comenzaron a observar a la gente, la primera sensación que tuvieron fue de espanto. La reina de la belleza estaba expuesta frente a una masa de gente batallando a través de las puertas abiertas de la sala, corriendo hacia ningún sitio con una urgencia atribulada, sin presta ninguna atención al cuadro. La guía con una voz monótona y gris repetía lo mismo en todas las visitas. Y, luego, rebaños de turistas sin parar de hacer fotos y filmando. Disparando a la virgen (hasta la muerte), así acabaron por llamar aquella situación.

La primera tentación, confirmada por lo que veíamos, fue hacer una tópica sátira sobre la indiferencia y la desafección hacia los llamados valores eternos. Pero hubo que reconsiderar esta aproximación: al final de la jornada, cuando la masa se evaporaba y se marchaba hasta el último visitante, solo quedaba el empleado de la limpieza que parecía que tenía como misión eliminar las huellas dejadas por la numerosa cohorte de visitantes y guías, retirar todas las mallas superficiales que se habían tejido a lo largo del día. Finalmente el también se iba. La Madonna después de aquella horrible feria de la estupidez se quedaba sola en su mundo especial e inaccesible para casi todos.

Estuvimos rodando desde esa posición durante un mes y medio y en el proceso descubrimos que también había espectadores para los que el encuentro con “Madonna Litta” era un suceso espiritual inolvidable. Algunos visitantes que se acercaban a aquel rostro comenzaron a tener el mismo halo de belleza. Así pues, corregimos el tono de la película, manteniendo en su interior ese lado caustico y satírico, pero que de forma natural se había desplazado a un segundo o tercer plano.

Palabras de Leonid Gurevich (Guionista, miembro de la unión de cineastas, profesor en el instituto de cine)

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